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En Los Ángeles, un caso “piloto” contra Meta (Instagram/Facebook) y YouTube/Google pone el foco en el diseño del producto: algoritmos, feeds infinitos y verificación de edad. No es un debate abstracto: puede redefinir cómo se construyen (y regulan) las plataformas que usan nuestros hijos.
Qué está pasando: el juicio en Los Ángeles y por qué todo el mundo lo mira
En febrero de 2026, Mark Zuckerberg declaró en un juicio con jurado en Los Ángeles dentro de un gran paquete de litigios conocido como JCCP 5255 (Social Media Cases). Este juicio es relevante porque funciona como un “bellwether” (caso piloto): lo que ocurra aquí puede influir en miles de demandas similares.
La demanda que abre el juicio corresponde a una joven identificada por iniciales K.G.M.. Según la cobertura, el caso intenta probar que el uso temprano y sostenido de redes sociales —impulsado por decisiones de diseño del producto— contribuyó a daños psicológicos.
Un dato clave del “mapa” de demandados: reportes señalan que TikTok y Snap llegaron a acuerdos antes o durante el proceso, quedando el foco principal del juicio en Meta y YouTube/Google.
Por qué este juicio es distinto: ya no se discute solo “contenido”, sino “diseño”
Durante años, buena parte de los reclamos contra plataformas chocaron con un muro legal en EE. UU.: la Section 230, que limita la responsabilidad de servicios online por contenidos publicados por terceros.
Lo novedoso aquí es el giro: en lugar de acusar solo “por lo que otros publican”, el caso intenta atribuir daño a mecanismos de producto (funcionalidades) que serían, en teoría, “agnósticas al contenido”:
feeds infinitos / scroll continuo
autoplay
recomendaciones algorítmicas que optimizan permanencia
notificaciones y loops de retorno
Ese enfoque busca mover la conversación desde “moderación de contenido” hacia “responsabilidad por diseño”, para no depender únicamente de si un post específico fue dañino.
Las decisiones judiciales que explican por qué esto llegó a un jurado
Un juicio con jurado no aparece de la nada: llega después de que el caso sobreviva múltiples filtros legales.
Dos hitos ayudan a entenderlo:
Noviembre de 2025: el tribunal denegó solicitudes de “summary judgment” (cierre anticipado del caso) y dejó vivas, al menos, reclamaciones vinculadas a negligencia y falla negligente de advertencia (negligent failure to warn), lo que abre la puerta a que un jurado evalúe causalidad y responsabilidad.
Julio de 2024: en decisiones previas, el tribunal fue delimitando qué teorías chocaban con la Section 230 o con argumentos constitucionales, y cuáles podían sobrevivir como alegaciones sobre conducta/diseño propio de la plataforma (no solo contenido de terceros).
En paralelo, existe un litigio federal masivo (MDL 3047) con debates parecidos sobre qué se puede exigirle a una plataforma cuando el daño alegado se conecta con su arquitectura de producto.
“Adicción” vs. “uso problemático”: qué dice la evidencia (y qué no está resuelto)
Aunque muchos titulares usan “adicción”, no toda la comunidad científica lo emplea del mismo modo para redes sociales. Incluso dentro del juicio aparecen tensiones sobre cómo nombrar y medir el fenómeno (por ejemplo, “uso problemático” vs. “adicción” en sentido clínico).
Aquí es útil una referencia de salud pública: el Surgeon General de EE. UU. ha señalado que el uso de redes es casi universal en adolescentes, pero también subraya que la relación con salud mental es compleja, con evidencia que puede ser correlacional y con necesidad de más investigación independiente y acceso a datos.
Esto importa porque el juicio no solo es moral o mediático: será una batalla de causalidad (qué tanto influyó el diseño del producto en un caso individual) sustentada en peritajes, documentos internos y credibilidad ante un jurado.
Qué podría cambiar si gana o pierde cualquiera
En términos prácticos, hay cuatro caminos típicos:
Si la demandante gana: aumentará la presión para acuerdos en cascada y para rediseños “por defecto” (más fricción, menos bucles de consumo, más controles para menores).
Si Meta/YouTube ganan: no se apaga el debate; puede fortalecerse la vía legislativa/regulatoria y aparecer nuevas demandas con estrategias distintas.
Si hay acuerdos (antes o después): se reduce doctrina pública (menos “precedente” visible), pero el mercado suele leerlo como señal de riesgo y de necesidad de cambios.
Si se ordenan medidas específicas: podría haber una forma de “regulación por litigio” (cambios obligatorios de producto, no solo multas).
Meta, además, reconoce en documentos públicos de riesgos (10-K) que este tipo de bellwether trials vinculados a menores puede implicar costos materiales y afectar reputación, uso y relación con anunciantes.
Verificación de edad: la grieta que el juicio vuelve a exponer
La edad mínima existe, pero el control es imperfecto. Zuckerberg ha reconocido en sala la dificultad de impedir que personas mientan para abrir cuentas, a la vez que defiende los esfuerzos de Meta por aplicar políticas y filtros.
Meta también ha descrito públicamente herramientas de “age assurance” (p. ej., verificación con ID o estimación por video selfie en ciertos flujos) y el uso de IA para detectar perfiles adolescentes. Independientemente del juicio, esto confirma que el problema no es “si pasa”, sino cómo se reduce y quién carga el costo de esa reducción (plataformas, tiendas de apps, sistemas operativos, familias).
Qué hacer en casa hoy (sin esperar el veredicto)
Este juicio trata sobre responsabilidad empresarial y legal. Pero, en lo cotidiano, la pregunta para familias es más simple: ¿estamos acompañando el uso digital o lo estamos delegando al diseño de una app?
1) Cambia el objetivo: de “controlar” a “diseñar hábitos”
En lugar de pelear por minutos, define rutinas:
momentos sin pantalla (comidas, antes de dormir)
espacios sin pantalla (dormitorio, mesa)
momentos con pantalla compartida (ver juntos, comentar juntos)
La evidencia sugiere que sueño, regulación emocional y vínculos presenciales son variables críticas en bienestar juvenil; por eso, estas “fricciones” importan aunque el juicio termine sin condena.
2) Reduce el “loop” de consumo, no solo el contenido
Si el problema es el diseño que empuja permanencia, las palancas útiles suelen ser:
desactivar notificaciones no esenciales
limitar autoplay donde sea posible
favorecer uso intencional (“entro por X, salgo cuando lo hago”)
Este enfoque encaja con el corazón del litigio: menos dependencia del feed infinito y más decisión consciente.
3) Conversa sobre señales de alerta sin dramatizar
Sin entrar en etiquetas clínicas, observa cambios sostenidos en:
sueño y energía
irritabilidad o aislamiento
abandono de actividades que antes disfrutaba
ansiedad ligada a “estar fuera” de lo que ocurre online
Si notas señales fuertes o persistentes, busca apoyo profesional y activa redes de apoyo cercanas. La regla práctica es: no esperar a que “se pase solo” si el malestar se instala.
Preguntas que sí abren conversación (y no cierran la puerta)
“¿Qué es lo que más te engancha: el contenido o la sensación de que siempre hay algo nuevo?”
“¿Qué te pasa cuando dejas el celular? ¿Te quedas tranquila o inquieta?”
“¿Qué te gustaría que yo entienda de tu mundo digital sin juzgarte?”
“¿Qué límites te parecen justos si pensamos en sueño, estudio y bienestar?”
Estas preguntas son útiles porque no parten de “culpa”, sino de conciencia del diseño y del impacto en el cuerpo y el ánimo.
El dato
Este juicio no está intentando decidir si “Internet es malo”. Está probando algo más específico: si ciertas decisiones de diseño (recomendación algorítmica, feeds infinitos, autoplay, verificación de edad débil) pueden considerarse suficientemente causales como para generar responsabilidad por daños en menores. Pase lo que pase en el veredicto, el mensaje para crianza digital es el mismo: acompañar no es vigilar; es poner estructura, lenguaje y hábitos donde el producto pone automatismos.







