Mientras en Estados Unidos crece el debate sobre si la escuela se digitalizó demasiado rápido, Suecia ya está corrigiendo el rumbo con una política oficial de más lectura, más libros físicos y menos pantallas en las primeras etapas educativas.
La comparación no es menor. Según el GDI 2024 de Huawei, Estados Unidos y Suecia están entre los países más digitalizados del mundo: primero y tercero, respectivamente. Justamente por eso, el giro sueco no puede leerse como tecnofobia. Lo que está diciendo Suecia es otra cosa: ser un país digitalmente avanzado no obliga a poner pantallas en el centro de la infancia.
En EE.UU., la alarma entra por la vía del debate
En Estados Unidos, el punto de quiebre no ha sido una nueva política nacional de desdigitalización, sino una acumulación de señales de alarma. La nota de Fortune del 21 de febrero de 2026 resume ese clima con un dato contundente: en 2024 el país gastó más de 30 mil millones de dólares en laptops y tablets para escuelas, pero psicólogos y expertos en aprendizaje ven hoy resultados muy distintos a los que se prometieron cuando comenzó esa expansión.
La pieza se apoya además en el testimonio escrito que el neurocientífico Jared Cooney Horvath presentó ante el Comité de Comercio, Ciencia y Transporte del Senado de EE.UU. Allí sostuvo que, en las últimas dos décadas, el desarrollo cognitivo infantil se ha estancado y en varios dominios incluso ha retrocedido, al tiempo que las aulas vivieron una rápida expansión de tecnología educativa. Su tesis central es que una mayor exposición a pantallas en clase suele asociarse con peores resultados de aprendizaje, no mejores.
Ese mismo testimonio añade algo importante: el problema, según Horvath, no sería simplemente de “mal uso”, sino de desajuste estructural entre cómo aprende la cognición humana y cómo operan los entornos digitales, diseñados para capturar atención, fragmentar el foco y acelerar el cambio de tarea. También señala que los dispositivos pueden ser útiles en funciones acotadas, pero que en contextos académicos troncales tienden a ralentizar el aprendizaje, reducir la profundidad de comprensión y debilitar la retención.
La respuesta en EE.UU. todavía luce fragmentada. Fortune reporta que, hasta agosto de 2025, 17 estados ya habían endurecido el uso del celular en la escuela, 35 tenían leyes limitando su presencia en el aula y más del 75% de las escuelas afirmaban tener políticas contra el uso no académico del teléfono. Es decir: más que una reforma nacional cerrada, lo que existe es una corrección parcial del rumbo.
En Suecia, la corrección ya es política pública
Suecia avanzó más lejos y de manera mucho más explícita. En su comunicación oficial, el Gobierno sostiene que los entornos sin pantallas ofrecen mejores condiciones para que niños y niñas desarrollen relaciones, concentración y aprendizaje de lectura y escritura. Por eso, su línea actual es reforzar la enseñanza analógica en edades tempranas y reservar los apoyos digitales para cuando realmente aporten valor pedagógico.
El giro no se queda en declaraciones. El Gobierno sueco afirma que busca cumplir el principio de “un libro de texto por alumno y por materia”, y ha impulsado ayudas para comprar libros de texto y guías docentes. Además, anunció que será obligatorio recoger los teléfonos móviles durante toda la jornada escolar antes del inicio del otoño de 2026 en la educación obligatoria y otros niveles equivalentes.
La medida más fuerte está en la primera infancia. Suecia modificó el currículo de preescolar para eliminar la exigencia de usar herramientas digitales, aclaró que los menores de dos años deben usar únicamente recursos analógicos como libros y señaló que el posible uso de herramientas no analógicas debe estar muy restringido para el resto de niños pequeños. Estos cambios entraron en vigor el 1 de julio de 2025.
En otras palabras, mientras en EE.UU. el debate se formula como una advertencia tardía sobre los costos de haber llenado de pantallas la experiencia escolar, Suecia ya convirtió esa misma inquietud en una política educativa concreta: más libros, más lectura, menos móviles y más cautela frente a la digitalización temprana.
Lo que dice la evidencia sobre escribir a mano
Una de las piezas más interesantes para entender este giro viene de la investigación académica. Un estudio publicado en Frontiers in Psychology registró actividad cerebral de 36 estudiantes universitarios mediante EEG de alta densidad mientras escribían palabras a mano con un lápiz digital o las tecleaban en un teclado.
El hallazgo principal fue que la escritura a mano produjo patrones de conectividad cerebral mucho más amplios que el tipeo, especialmente en bandas theta y alpha y en regiones parietales y centrales, áreas relacionadas con memoria y codificación de nueva información. Los autores sostienen que estas diferencias son beneficiosas para el aprendizaje.
El paper no plantea una guerra contra la tecnología. De hecho, dice de forma explícita que mantener la escritura manual en la escuela es crucial, pero que al mismo tiempo los niños deben aprender a usar teclado según la tarea. El punto no es elegir entre pasado y futuro, sino entender que no todas las herramientas activan del mismo modo los procesos cognitivos que sostienen el aprendizaje.
No es una guerra contra lo digital
Ese es, probablemente, el matiz más importante de toda esta discusión. Ni el testimonio ante el Senado en EE.UU. ni la política sueca sostienen que toda tecnología sea mala. Lo que cuestionan es la digitalización indiscriminada: esa idea de que poner más pantallas en el aula equivale automáticamente a mejorar la educación.
Visto así, la verdadera noticia no es que Suecia “rechace” la tecnología, sino que uno de los países más digitalizados del mundo está diciendo que la escuela necesita jerarquías claras: primero atención, lectura, escritura y comprensión; después, y solo cuando corresponda, pantallas. Estados Unidos, en cambio, sigue procesando el costo de haber hecho esa apuesta al revés.
El dato
La comparación entre EE.UU. y Suecia no enfrenta a un país moderno contra otro atrasado. En realidad, enfrenta dos maneras de corregir un mismo exceso. En EE.UU., la rectificación todavía aparece como crítica, testimonio y restricciones parciales. En Suecia, ya tomó forma de política pública nacional.
Nota de fuentes: Este artículo se basa en la nota de Fortune del 21 de febrero de 2026, en el testimonio escrito de Jared Cooney Horvath ante el Senado de EE.UU., en la comunicación oficial del Gobierno de Suecia actualizada el 5 de marzo de 2025, en el estudio publicado en Frontiers in Psychology sobre escritura manual y conectividad cerebral, y en el GDI 2024 de Huawei como contexto de digitalización nacional.







