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Antes de cumplir 13 años, un niño promedio ya tiene unas 1.300 fotos suyas publicadas en redes — casi todas subidas por sus padres, no por él (Children's Commissioner del Reino Unido, 2018). Hoy, con herramientas de IA gratuitas, una sola de esas fotos puede decir bastante más de lo que parece: dónde se tomó y a qué hora. No se trata de dejar de publicar. Se trata de saber qué publicas.
El dato que me hizo revisar lo que subo
Fui a buscar los números antes de escribir esto, porque el tema venía con mucho ruido y poca evidencia. Lo que encontré es concreto: la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) recoge que, según un estudio del Reino Unido, los padres llegan a publicar un promedio de 13.000 fotos y videos de un hijo antes de que cumpla 13 años, y que el 81% de los bebés ya tiene presencia en internet antes de los 6 meses (AEPD).
A esa práctica de compartir la vida de los hijos en redes se le llama sharenting. No es nueva. Lo que cambió es lo que un tercero puede hacer con ese material. Como UX Researcher, mi trabajo es entender cómo la gente usa la tecnología — y la misma lógica aplica aquí: la foto no es el problema, el problema es la cantidad de información que viaja con ella sin que la veamos.
Qué puede leer la IA en una foto de paisaje
Una especialista en gobernanza de IA, Clara Lin Hawking, mostró públicamente en LinkedIn un ejercicio incómodo: tomó una sola foto de vacaciones —un lago y unas montañas, sin rostros ni etiquetas— y, usando herramientas de IA de acceso libre, reconstruyó la ubicación aproximada del lugar y la rutina probable de quien la publicó. No es un estudio con metodología ni una muestra; es la demostración de una profesional, y por eso la tomo como lo que es: una señal, no una estadística.
Pero el mecanismo detrás sí está documentado, y es lo que importa. Una foto carga metadatos —fecha, hora y, si no se desactivó, coordenadas GPS— y un fondo que la IA puede analizar: arquitectura, carteles, vegetación, sombras. Con eso se pueden inferir lugares habituales: la escuela, la casa, el parque de siempre. El INCIBE lo resume sin dramatismo: el riesgo real está en que esas imágenes entren en una cadena de difusión —"nosotros la enviamos, un familiar la comparte con terceros, y estos con otros"— y terminen en manos de desconocidos, con riesgos de uso malintencionado, suplantación de identidad o grooming (INCIBE).
Aquí va el matiz importante, porque me lo preguntan seguido: no hace falta que la foto tenga GPS para que diga dónde estás. Hoy hay modelos que ubican una imagen solo por los píxeles —el tipo de piedra, un letrero al fondo, la inclinación de las sombras—. Por eso "le quité la ubicación a la foto" ya no es garantía completa. Lo es más decidir cuándo y desde dónde publicas.
¿Significa esto que hay que dejar de publicar?
No. Significa publicar con la misma intención con la que decides cualquier otra cosa de la crianza. En nuestra casa la regla es simple: nuestra hija no aparece de rostro y nada se sube en tiempo real. No es paranoia — es la diferencia entre dejar un dato suelto y no dejarlo. El estudio de la AEPD añade un matiz que me hizo ruido como papá: el 56% de los padres sube fotos que al hijo podrían avergonzarle más adelante. Esa foto graciosa de hoy es un dato permanente que él no eligió, y que lo va a acompañar cuando tenga edad de buscarse en Google.
Tres cosas concretas que puedes hacer hoy
Estas son las acciones que cambian el riesgo de verdad, no las que solo dan tranquilidad:
Publica después, no durante. Sube las fotos del viaje cuando ya estés de regreso. Quitas el "dónde estamos ahora" sin renunciar a compartir el recuerdo.
Desactiva la geolocalización de la cámara y evita publicar desde lugares que se repiten —la escuela, el club, el mismo parque—. Un patrón de horario y lugar es más útil para un tercero que una foto aislada.
Cierra el círculo. Revisa quién ve lo que subes y pide a la familia que no recomparta fotos de tu hijo sin avisarte. La mayoría de las imágenes se filtran por reenvío entre conocidos, no por un hackeo.
El dato está, tú decides
No se trata de vivir asustado ni de borrar las redes. Se trata de tratar la imagen de tu hijo como tratas su libreta de notas: con cuidado, porque es suya y porque él todavía no puede decidir. Si esperas a estar en casa para publicar y apagas la geolocalización, ya cerraste la mayor parte de la puerta. Lo demás es ir ajustando, no entrar en pánico.
Si quieres el panorama completo, lo reunimos en nuestra guía de seguridad digital para niños. Y si este tema te toca de cerca, lee también por qué la mejor foto a veces no se publica, el primer paso de España para regular el sharenting y nuestra respuesta a la duda de cada septiembre: ¿subir o no las fotos del primer día de clases?
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