Marketing, algoritmos y eufemismos convierten una situación de vulnerabilidad en "oportunidad". Por qué la conversación en casa no puede llegar tarde.
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Respuesta corta: Casi 1 de cada 3 jóvenes (32,3%) cree que vender contenido íntimo es "una forma legítima de generar ingresos", según una encuesta de Save the Children España a más de mil personas de 18 a 21 años. El problema no es la decisión del menor: es un ecosistema que normaliza la intimidad como plan económico.
Fui a leer el informe completo porque el titular sonaba a alarma de redes, y yo desconfío de las alarmas de redes. Lo que encontré no era para tranquilizarme, pero tampoco era pánico: era diseño. Y el diseño se puede explicar, que es justo lo que hago para vivir.
Como UX Researcher, mi trabajo es entender cómo las personas interactúan con la tecnología y por qué hacen lo que hacen frente a una pantalla. Por eso este dato me detuvo. No por el morbo del tema, sino porque describe un mecanismo: cómo una plataforma de contenido para adultos termina presentándose, ante un adolescente, como una "oportunidad" antes que como un riesgo. Esto entra de lleno en la seguridad digital de los niños y adolescentes, aunque no se parezca a los riesgos de los que solemos hablar.
Los padres solemos imaginar que ciertos temas entran en la vida de nuestros hijos por una conversación, una búsqueda, la curiosidad. Pero hay cosas que llegan antes y por otro canal: el feed. En la encuesta de Save the Children España a jóvenes de 18 a 21 años —preguntados por lo que vivieron en su adolescencia— la exposición a estos contenidos no aparece primero como "peligro". Aparece como tendencia, link, historia, broma, testimonio de éxito.
Y cuando el primer encuadre es aspiracional, la vigilancia adulta se apaga sola. Parece parte de internet, no una puerta de entrada.
Autoexposición, no "autoexplotación"
El lenguaje no es un detalle. Hablar de "autoexplotación" pone el peso sobre el menor, como si la clave fuera su voluntad o su "decisión". El informe trabaja otro concepto: autoexposición o sobreexposición. Situaciones en las que parece que el propio menor inicia o participa en conductas sexualizadas, pero dentro de un entorno con asimetrías de poder, presión, recompensas y riesgos reales.
El cambio importa porque mueve la pregunta del adulto. Deja de ser "¿por qué lo haría mi hijo?" y pasa a ser otra:
No es "¿por qué lo haría?".
Es "¿qué está haciendo el ecosistema digital para que esto parezca normal, fácil y rentable?".
Como cuando enseño a mis estudiantes a diseñar pensando en el humano: la pregunta correcta nunca es "¿por qué el usuario se equivocó?", sino "¿qué hizo el sistema para empujarlo ahí?". Acá pasa lo mismo.
Del feed al link (y del link al "ingreso")
Rara vez empieza en "la plataforma". Empieza antes: en redes, en contenido viral, en mensajes privados, en cultura pop. El informe registra que la exposición no es marginal y tiene sesgo de género: 62,4% de los chicos y 47,7% de las chicas dijeron haber visto enlaces en redes que redirigían a OnlyFans o a páginas de sugar daddies. A la publicidad de sugar dating en redes se expusieron más del 45% de los chicos y el 49,3% de las chicas.
No es solo que el contenido esté presente. Es que se repite. Y cuando algo se repite así, deja de ser un estímulo suelto y se vuelve aprendizaje cultural: el cerebro lo archiva como "esto es normal, esto pasa, esto le funcionó a alguien". Ese salto —de ver a normalizar— es el mismo que ya documentamos del lado del dinero: en 2025, Latinoamérica gastó cientos de millones en contenido erótico de suscripción, una demanda adulta enorme que es, precisamente, el mercado que vuelve "rentable" la oferta.
El dato que cambia la conversación
No solo se vio: también se normalizó. El 32,3% de los jóvenes encuestados consideraba que la autoexposición es "una forma legítima de generar ingresos". Eso es casi uno de cada tres, en una muestra de más de mil personas. Y hay un segundo dato que explica por qué esto se vuelve "real" en la conversación entre adolescentes: el 21% dijo conocer a alguien de su entorno que usaba o consideraba usar estas plataformas para generar ingresos.

No se trata de que "la adolescencia quiera" esto. Se trata de que el mercado logró instalar un marco mental donde la intimidad puede presentarse como un plan económico. El estudio dice una cosa; en la vida real pasa otra: el ingreso "fácil" casi nunca es ni tan fácil ni tan ingreso. El mismo informe recuerda que la enorme mayoría de los perfiles que venden contenido gana poco o nada, mientras el riesgo lo asume entero quien publica.
La ilusión de control: "yo decido"
Hay una trampa cómoda en la narrativa digital: si yo elijo, estoy a salvo. Pero el riesgo no depende solo de la intención de quien publica. Depende del sistema alrededor: quién compra, quién presiona, quién captura una imagen, quién la redistribuye, quién chantajea después.
Por eso el dato más incómodo del informe no es un porcentaje de exposición, sino de percepción: más del 71% de los jóvenes no identificaba la venta de contenido sexual en internet como una forma de explotación (la cifra supera el 75% entre los chicos). Cuando la mayoría no lo reconoce como explotación, la prevención llega tarde, porque el daño no se nombra. Y lo que no se nombra, no se cuida.
Riesgos: lo que el relato de "dinero fácil" nunca cuenta
El documento advierte sobre riesgos asociados a estas dinámicas: captación, chantaje sexual, ciberacoso y difusión no consentida de imágenes, entre otros. El punto no es asustar. Es dejar de idealizar. Internet tiene una capacidad muy concreta: convertir una vulnerabilidad en producto sin que parezca violencia en el primer contacto.
Uno de esos riesgos tiene nombre propio y cada vez más víctimas: el chantaje sexual, o sextorsión. Y conviene quitarnos un prejuicio de encima: ya no afecta solo a las chicas. La nueva cara de la sextorsión apunta cada vez más a los varones adolescentes, casi siempre con un guion financiero detrás. Una imagen que se compartió "por confianza" se vuelve la palanca de una extorsión.
A quién se culpa cuando algo pasa
Parte del problema no está solo en lo que ocurre, sino en lo que se cree que ocurre. Cuando una sociedad asume que el menor "se lo buscó", baja la presión para exigirle cambios reales al ecosistema que facilita y monetiza estas dinámicas. La responsabilidad se diluye hacia abajo —hacia el adolescente— y se aleja de quien compra, de quien diseña la plataforma y de quien lucra.
Como investigador, esto me parece el verdadero fallo de diseño: un sistema que externaliza el riesgo hacia el eslabón más débil y, además, convence a todos de que ahí es donde debía estar.
Qué hacer en casa sin moralina (y sin llegar tarde)
No sirve una conversación basada en miedo ni una basada en prohibiciones ciegas. Sirve una conversación basada en mecanismos: explicar cómo funciona el anzuelo, no solo decir "no lo hagas". En nuestra casa todavía estamos lejos de esta charla —nuestra hija tiene 6 años y no tiene dispositivos propios—, pero el guion lo preparo desde ahora, porque estas conversaciones no se improvisan el día que hacen falta.
Nombra el anzuelo. "Si ves mensajes que prometen dinero por contenido íntimo, eso no es una oportunidad: es una puerta de riesgo."
Habla de la presión sin culpar. "Si te escriben, te ofrecen o te insisten: no estás solo. Lo hablamos, sin lío."
Acuerda un protocolo simple. No responder. Bloquear. Guardar evidencia si corresponde. Pedir ayuda adulta de inmediato. Es el mismo protocolo que sirve cuando la sextorsión toca la puerta de un hogar.
Repite una idea ancla. Que algo se pueda monetizar no lo vuelve seguro, ni justo, ni inevitable.
El dato
En la encuesta de Save the Children España a más de mil jóvenes de 18 a 21 años, el 32,3% veía la autoexposición sexual como una forma legítima de generar ingresos, y más del 71% no la reconocía como una forma de explotación. No es un problema de adolescentes que "deciden mal". Es un ecosistema que les vendió la intimidad como oportunidad y les escondió el precio.
Fui a buscar el dato para entender el mecanismo, no para asustarte. El mecanismo está descrito. Lo que hagas con él en casa, lo decides tú.
Fuente principal: Save the Children España (noviembre, 2025). Redes que atrapan / La trampa de la autoexposición: nuevas dinámicas de explotación sexual en el entorno digital. Nota de prensa · Informe.
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