En la ponencia que analizamos aquí, el antropólogo digital ecuatoriano Gabriel Brito, investigador visitante en el Oxford Internet Institute (OII), describe cómo la llegada y consolidación de carteles mexicanos en la región transformó el mapa del crimen organizado y disparó la violencia.
Pero el foco de su trabajo no está solo en lo que ocurre fuera de la pantalla. Su proyecto, titulado “Glocks, Animal Emojis and ‘Rulay’: How cartel-related gangs recruit young Ecuadorians through viral content on TikTok”, se centra en algo más invisible: cómo las bandas llevan sus símbolos, su identidad y sus estrategias de reclutamiento al territorio digital, especialmente a TikTok.
Su tesis de partida es simple y a la vez inquietante: si las bandas buscan territorios ingobernados donde el Estado casi no está, hoy el territorio perfecto es el feed personalizado de una plataforma.
Del puerto a la pantalla: cómo llegamos a esta “edad dorada” de la narco cultura
Brito recorre, a grandes rasgos, la secuencia que ha vivido el país en las últimas décadas:
La cercanía con Colombia y la reconfiguración del mercado tras los cambios en las FARC.
La entrada y consolidación de carteles mexicanos como Sinaloa y Jalisco Nueva Generación.
Los acuerdos y luego las rupturas entre gobiernos y bandas locales.
La fragmentación en decenas de grupos más pequeños después de capturas o asesinatos de líderes.
El resultado, según su análisis, es un escenario de violencia extrema, donde más de 30 bandas operan en todo el país, con especial concentración en Guayas y Guayaquil. Un punto de quiebre simbólico fue la toma de un canal de televisión en vivo por parte de un grupo armado, que convirtió la violencia en espectáculo y mensaje de control.
Frente a calles militarizadas y territorios físicos cada vez más vigilados, las bandas necesitan otros espacios para mostrar poder, construir identidad y reclutar. Ahí entra TikTok.
TikTok como territorio: qué es “Cartel TikTok” y por qué importa
En la literatura ya se usa el término “Cartel TikTok” para describir el uso sistemático de esta plataforma por parte de organizaciones criminales, sobre todo en México. Lo que plantea Brito es que lo que pasó en México hace una década está empezando a ocurrir en Ecuador.
¿Por qué TikTok?
Es un entorno altamente personalizado: si no te interesa el tema, nunca verás ese contenido.
Para las autoridades, es casi un “punto ciego”: muchos responsables de política pública ni siquiera sabían que existía una cultura de bandas tan activa en TikTok.
Las reglas de moderación de contenido no están diseñadas para símbolos locales, cambiantes y altamente codificados.
Brito propone mirar TikTok como un territorio más: con actores, fronteras difusas, lenguajes propios y disputas por el control de la atención. En ese territorio, las bandas despliegan una estrategia que él y su equipo llaman “narcomarketing”: no solo muestran violencia, sino una narrativa de éxito, pertenencia y sentido de identidad.

Cómo se investigó: de la etnografía digital a los modelos de lenguaje
El proyecto combina dos mundos que rara vez se hablan:
Etnografía digital (netnografía)
Brito observa en profundidad cuentas, videos, comentarios, hashtags, emojis y rutinas. Usa un marco de “technoculturas” para fijarse en:Afiliaciones y referencias a bandas.
Vocabularios simbólicos (emojis, hashtags, combinaciones específicas).
Historias que se repiten y que muestran qué le duele y qué le importa a la audiencia.
Redes de seguidores, influencias y patrones de uso.
Ciencia de datos y modelos de lenguaje
El equipo construye un glosario de símbolos: nombres de bandas, jerga, canciones, animales, combinaciones de emojis. Con esto:Extraen miles de videos y cuentas de TikTok de usuarios en Ecuador.
Usan la API de GPT-4 para identificar emojis, gestos, armas o grupos de personas dentro de imágenes y videos, más allá del texto.
Elaboran “codebooks” (guías de codificación) con criterios antropológicos y se los dan al modelo para clasificar contenido a gran escala.
Verifican una muestra y reportan un nivel de precisión cercano al 90 % en la identificación de patrones.
El siguiente paso, que el propio Brito describe como trabajo en progreso, es representar estas relaciones en redes: ver quiénes están en el centro (reclutadores) y cómo se distribuyen las capas de usuarios a su alrededor.
Emojis, animales y “rulay”: el nuevo lenguaje de las bandas
Uno de los hallazgos más llamativos es la creatividad con la que se traducen los símbolos de la calle al lenguaje de plataformas.

Fuente: Professor Gabriel Brito
Algunos ejemplos que describe Brito:
Emojis de animales
Muchas bandas llevan nombres de animales: Tiguerones, Tiburones, Lobos. Los emojis de tigre, tiburón o lobo se vuelven marcas de identidad. La clave no es solo el emoji en sí, sino su combinación con otros: armas, demonios, caras, etc.Reapropiación de emojis “inocentes”
El emoji de ninja, pensado originalmente como personaje de ficción, se resignifica como alguien con pasamontañas, es decir, un delincuente. El emoji de firma se usa para hablar de la “firma” del líder.Configuraciones como jeroglíficos
No se trata de un símbolo aislado, sino de cadenas de emojis que funcionan como frases cifradas. Cambiar el orden puede cambiar el mensaje.
Para las plataformas, esto es un problema serio: lo que a primera vista parece un video “inocuo” lleno de animales y símbolos genéricos es, en contexto, un contenido de afiliación o propaganda.
Quién habla y quién escucha: los distintos papeles en Cartel TikTok
Brito propone pensar a los usuarios como “prosumidores”: producen y consumen contenido. Aun así, identifica capas distintas:
Reclutadores sistemáticos
Cuentas anónimas, sin rostros, con estética muy cuidada. Publican imágenes generadas por IA, cadenas de emojis, mensajes explícitos para “unirse” a la banda. Son el núcleo del narcomarketing.Miembros activos
Personas que muestran su vida cotidiana dentro de la banda: armas, dinero, estilos de vida específicos. No siempre dicen “ven y únete”, pero venden una narrativa aspiracional.Simpatizantes y “fans”
Usuarios que no parecen formar parte formalmente de una banda, pero que admiran y replican símbolos y estética.“Narco-lifestyle dreamers”
Personas que no hacen referencia directa a bandas, pero idealizan el estilo de vida asociado: autos, ropa, dinero, estética “dura”.Outcasts
Jóvenes que no publican contenido narco, pero consumen mucho de ese universo y expresan malestar, sensación de no pertenecer, rabia o vacío.
La pregunta de fondo es: ¿qué hace que alguien se desplace de una capa a otra? Esa es una de las líneas que el equipo quiere seguir a través del análisis de redes en el tiempo.

Lo que nos dice esta cultura digital sobre los jóvenes
Más allá de la fascinación por los emojis, la ponencia deja ver elementos profundos sobre identidad y vulnerabilidad:
El papel central de la madre
Muchísimos mensajes justifican actividades ilegales como un modo de “darle una vida mejor a mi mamá”, “comprarle una casa” o “hacerla viajar”. A la vez, aparecen relatos de madres violentas o ausentes. Esa figura materna ambivalente se vuelve núcleo emocional y moral.Normalización del lujo y de la violencia
El dinero, los autos, la ropa de marca y las armas se presentan como símbolos de éxito y respeto en contextos donde las oportunidades legales son escasas.Conciencia del riesgo y de la muerte
Abundan publicaciones donde los propios usuarios hablan de la posibilidad de morir en cualquier momento, o se despiden preventivamente de amigos y familiares.Duelo y culto
TikTok se usa como espacio para llorar a personas asesinadas, pero también para rendir culto a figuras criminales, a la Santa Muerte o a símbolos religiosos y esotéricos.
Cartel TikTok no es solo reclutamiento. Es también una forma de elaborar el dolor, la pobreza, la rabia y la búsqueda de pertenencia de una generación entera.
¿Y los niños y adolescentes? Lo que implica para la crianza digital
Aunque la investigación de Brito no es un estudio clínico sobre salud mental infantil, sus hallazgos son muy relevantes para la crianza digital:
Los adultos no vemos el mismo TikTok que ven ellos
La ultra-personalización hace que madres, padres, docentes y autoridades puedan no tener idea de que este tipo de contenido existe, simplemente porque el algoritmo no se los muestra.No todo es sangre: la propaganda entra por lo aspiracional
Una parte importante del contenido no exhibe violencia explícita. Se enfoca en estilo de vida, identidad de grupo, música, humor. Es mucho más difícil de identificar y moderar.Los chicos buscan lo mismo que siempre: pertenecer
En contextos de desigualdad y falta de oportunidades, la promesa de dinero rápido, respeto y “familia” puede resultar mucho más creíble que los discursos oficiales.El problema no es “TikTok en sí”, sino la combinación de algoritmos opacos y vulnerabilidad social
La plataforma amplifica, pero no crea desde cero el malestar, la pobreza ni la falta de horizonte.
Para madres, padres y educadores, esto implica que la conversación no puede quedarse en “TikTok es malo” o “prohibimos la app”. Hay que ir más profundo: qué narrativas consumen, qué les resulta atractivo, qué vacíos está llenando ese contenido.
Qué podemos hacer desde familias, escuelas y políticas públicas
A partir de la ponencia, se pueden extraer varias líneas de acción:
1. Reconocer el mundo digital como un territorio real
No es un simple espacio de ocio o algo “menos serio” que la calle. Es un territorio donde se disputan identidades, lealtades y oportunidades. Las políticas de seguridad y de protección de la niñez deben incluir este territorio desde el inicio, no como un “añadido tecnológico”.
2. Alfabetización algorítmica para adolescentes y adultos
Hablar explícitamente sobre:
Cómo funciona un feed personalizado.
Por qué no todos vemos lo mismo.
Cómo el algoritmo puede reforzar obsesiones y burbujas.
No solo con los chicos, también con docentes, orientadores y responsables de política pública.
3. Acompañar sin pánico moral ni minimización
En crianza digital, el equilibrio es difícil:
El pánico moral (“todo TikTok es narco”) solo genera silencio y ocultamiento.
La minimización (“es solo música o bromas”) deja fuera el mensaje de fondo.
Espacios de diálogo donde los jóvenes puedan mostrar lo que ven, sin ser castigados por enseñarlo, son clave para detectar señales de riesgo a tiempo.
4. Escuchar el malestar y la búsqueda de pertenencia
Muchos de los perfiles que describe Brito no son “monstruos”, sino chicos que:
No se sienten incluidos por la escuela, el trabajo o el Estado.
Encuentran en estas comunidades una forma de ser vistos, respetados y acompañados.
Responder solo con represión no resuelve el vacío que los llevó hasta ahí. Aquí la escuela, los programas comunitarios y las familias tienen un papel insustituible.
El dato
La investigación de Gabriel Brito muestra que las bandas no solo compiten por territorio físico: también compiten por la atención y la imaginación de los jóvenes, usando TikTok como escenario. Entender ese lenguaje hecho de emojis, música y relatos aspiracionales no es un lujo académico: es una pieza que faltaba en la conversación sobre violencia, prevención y crianza digital en Ecuador.
Fuente
Este artículo se basa en la ponencia de Gabriel Brito “Glocks, Animal Emojis and ‘Rulay’: How cartel-related gangs recruit young Ecuadorians through viral content on TikTok”, presentada en el Oxford Internet Institute dentro del Oxford Digital Ethnography Group Seminar Series, así como en la descripción oficial del proyecto dentro de la ESRC Digital Good Network. Es una investigación en curso, no un artículo científico publicado aún, por lo que las cifras deben leerse como resultados preliminares y cualitativos, no como estadísticas definitivas.
Brito, G. (2025, May 6). Glocks, animal emoji, and “Rulay”: How cartel-related gangs recruit young Ecuadorians through viral content on TikTok [Video]. Oxford Internet Institute. https://www.oii.ox.ac.uk/news-events/videos/glocks-animal-emoji-and-rulay-how-cartel-related-gangs-recruit-young-ecuadorians-through-viral-content-on-tiktok/





