En un mundo donde las pantallas son omnipresentes, desde nuestros smartphones hasta las tablets y televisores, es inevitable que nuestros hijos entren en contacto con la tecnología desde una edad temprana. Sin embargo, esta nueva realidad trae consigo una serie de preguntas y preocupaciones:
¿Qué efectos tiene el tiempo de pantalla en el desarrollo de los niños?
¿Estamos, sin darnos cuenta, poniendo en riesgo su bienestar emocional y comportamental?
Un reciente estudio longitudinal realizado en Taipei, Taiwán, arroja luz sobre estas inquietudes y destaca el papel fundamental que las interacciones madre-hijo juegan en la mitigación de estos posibles efectos adversos.
El auge del tiempo de pantalla en la primera infancia
El estudio en cuestión siguió a 277 niños desde el primer año de vida hasta los 3 años, un periodo crítico para el desarrollo cerebral y emocional. Los resultados son reveladores: el tiempo que estos niños pasaban frente a las pantallas casi se triplicó en esos tres años, pasando de 60 minutos diarios a los 1 año, a 142 minutos diarios a los 3 años. Este incremento no es simplemente un número; lleva consigo implicaciones profundas para el bienestar de nuestros hijos.
Los investigadores encontraron que este aumento en el tiempo de pantalla está asociado con una serie de problemas de comportamiento a los 3 años, incluyendo quejas somáticas (como dolores de cabeza o problemas digestivos sin causa médica aparente), retraimiento social, y comportamientos agresivos. Estos problemas, aunque preocupantes, no son una consecuencia inevitable de la tecnología, sino que están estrechamente ligados al contexto en el que los niños utilizan estos dispositivos.
Interacciones madre-hijo: el escudo protector
Uno de los hallazgos más importantes del estudio es que los efectos negativos del tiempo de pantalla son mucho más pronunciados en los niños que experimentan bajos niveles de interacción con sus madres. En otras palabras, los niños que pasan mucho tiempo frente a la pantalla y, al mismo tiempo, tienen pocas interacciones significativas con sus madres, son los que presentan mayores problemas de comportamiento.
¿Qué significa esto para los padres? Significa que no es solo la cantidad de tiempo que un niño pasa frente a la pantalla lo que importa, sino también la calidad del tiempo que pasa con sus padres fuera de la pantalla. Las interacciones positivas, como leer juntos, jugar, hablar, y simplemente compartir momentos cotidianos, actúan como un escudo protector que puede mitigar o incluso eliminar los efectos adversos del tiempo de pantalla.
El contenido importa: ¿Qué están viendo nuestros hijos?
El estudio también hace una distinción crucial entre los diferentes tipos de contenido a los que los niños están expuestos. No todo el tiempo de pantalla es igual. Por ejemplo, el estudio encontró que la exposición a contenido educativo puede tener efectos menos adversos, o incluso beneficiosos, cuando se combina con una interacción positiva madre-hijo. Los niños que ven programas educativos y tienen padres que se involucran activamente con ellos durante el tiempo de pantalla tienden a mostrar menos problemas de comportamiento.

Por otro lado, la exposición a contenido menos estructurado o más estimulante, como las caricaturas y los videojuegos, se asocia con un aumento en problemas internalizantes, como la ansiedad y la depresión, especialmente en aquellos niños que no cuentan con un alto nivel de interacción madre-hijo. Esto resalta la importancia no solo de controlar el tiempo de pantalla, sino también de supervisar y participar en el tipo de contenido que nuestros hijos están consumiendo.
Más allá del tiempo de pantalla: El rol crucial de los padres en la era digital
A medida que la tecnología continúa evolucionando y se integra cada vez más en nuestras vidas, es vital que los padres tomen un papel activo en la gestión del tiempo de pantalla de sus hijos. Esto no significa simplemente limitar el acceso a dispositivos, sino también involucrarse en cómo y cuándo se utilizan estos dispositivos.
Los expertos sugieren varias estrategias prácticas que los padres pueden implementar:
Establecer límites claros: Limitar el tiempo de pantalla diario y crear zonas libres de tecnología en el hogar, como la mesa del comedor o los dormitorios.
Participar activamente: En lugar de usar dispositivos como “niñeras electrónicas”, los padres pueden unirse a sus hijos durante el tiempo de pantalla, discutiendo lo que están viendo, haciendo preguntas, y conectando el contenido con la vida real.
Promover alternativas saludables: Fomentar actividades que no involucren pantallas, como juegos al aire libre, manualidades, lectura, y tiempo de juego en familia.
Ser modelos a seguir: Los niños aprenden observando, por lo que es importante que los padres también gestionen su propio uso de dispositivos de manera equilibrada y consciente.
El balance entre la tecnología y el desarrollo saludable
El estudio de Taipei nos ofrece una valiosa lección: la tecnología, por sí sola, no es ni buena ni mala. Su impacto depende en gran medida de cómo se integra en la vida de nuestros hijos y del papel que los padres juegan en este proceso. Las pantallas pueden ser una herramienta poderosa para el aprendizaje y la conexión, pero solo cuando se utilizan de manera equilibrada y en un contexto de interacciones familiares ricas y significativas.
En última instancia, lo que este estudio nos recuerda es que, aunque no podemos escapar del avance tecnológico, sí podemos aprender a manejarlo de manera que beneficie, en lugar de perjudicar, a nuestros hijos. El tiempo que pasamos interactuando con nuestros hijos, escuchándolos, hablando con ellos y compartiendo experiencias es insustituible. Y en un mundo cada vez más digital, estas interacciones son más importantes que nunca para garantizar un desarrollo emocional y comportamental saludable.
En resumen, mientras navegamos por la crianza en la era digital, recordemos que no se trata solo de cuánto tiempo pasan nuestros hijos frente a una pantalla, sino de cómo utilizamos ese tiempo para fortalecer nuestras relaciones y guiar su crecimiento. Porque al final del día, el mejor recurso que tienen nuestros hijos somos nosotros: sus padres.
Fuente:
Chakranon, P., Huang, J.-P., Au, H.-K., Lin, C.-L., Chen, Y.-Y., Mao, S.-P., Lin, W.-Y., Zou, M.-L., Estinfort, W., & Chen, Y.-H. (2024). The importance of mother-child interaction on smart device usage and behavior outcomes among toddlers: A longitudinal study. Child and Adolescent Psychiatry and Mental Health, 18(79). https://doi.org/10.1186/s13034-024-00772-6





