5 min de lectura
En octubre de 2025, OpenAI publicó una estimación sobre conversaciones sensibles en ChatGPT: alrededor del 0,15% de sus usuarios activos en una semana participaron en conversaciones con indicadores explícitos de posible planificación o intención suicida. Aplicado al tamaño de audiencia que la empresa comunicaba entonces, distintos medios lo tradujeron a cerca de 1,2 millones de personas. El porcentaje importa; también importan sus límites.
La cifra no es un diagnóstico, no demuestra que ChatGPT cause una crisis y no significa que todas esas personas hayan dicho literalmente “quiero suicidarme”. Es una estimación interna de OpenAI basada en señales detectadas en conversaciones. La propia empresa advierte que estos eventos son raros, difíciles de medir y que sus cálculos pueden cambiar a medida que mejora la metodología. La fuente original es el informe de OpenAI de octubre de 2025.
Si tú o alguien cercano está en riesgo inmediato, busca ayuda humana ahora. En Ecuador, llama al 9-1-1. En México: Línea de la Vida 800 911 2000. En Argentina: CAS 135 o (011) 5275-1135. En España: 024. Para otros países, consulta Find a Helpline. No hace falta terminar este artículo primero.
Qué dice el número (y qué no dice)
El informe separa tres categorías. Estimó que el 0,15% de los usuarios activos semanales tuvo conversaciones con indicadores explícitos de posible planificación o intención suicida; el 0,07% mostró posibles señales de emergencias de salud mental relacionadas con psicosis o manía; y otro 0,15% presentó señales de apego emocional potencialmente elevado. Son categorías de detección de riesgo, no diagnósticos clínicos.
Acá hay un matiz que como investigador no me dejo pasar: esto no significa que ChatGPT cause nada de eso. Es un retrato de quién recurre a la herramienta y para qué. La gente ya traía ese dolor consigo; lo nuevo es que ahora se lo cuenta a una máquina que responde a cualquier hora y nunca se cansa. Esa disponibilidad infinita es justo lo que la vuelve atractiva y lo que la vuelve delicada.
Qué cambió OpenAI
Lo más útil del informe no es el susto, es lo que la empresa dice estar haciendo. Trabajó con más de 170 especialistas en salud mental —psiquiatras, psicólogos y médicos de más de 60 países— para revisar cómo debería responder el modelo ante señales de angustia. No es marketing vacío: son las personas que entrenaron y evaluaron las respuestas, según el propio informe.
En concreto, OpenAI dice que ahora ChatGPT:
OpenAI dice que mejoró el reconocimiento de señales de angustia y la derivación hacia ayuda del mundo real.
Añadió recordatorios para hacer pausas y sistemas que dirigen algunas conversaciones sensibles hacia modelos con mayores salvaguardas.
En una evaluación interna diseñada con casos especialmente difíciles, el modelo de octubre de 2025 cumplió el comportamiento deseado en el 91% de los ejemplos de suicidio y autolesión, frente al 77% del modelo anterior.
En mayo de 2026, la empresa informó una nueva mejora para reconocer señales que aparecen gradualmente dentro y entre conversaciones. En pruebas internas de contextos largos, la respuesta segura mejoró un 50% en escenarios de suicidio y autolesión. Puedes leer la actualización de 2026.
Hay un límite clave: ese 91% proviene de una evaluación interna con casos difíciles seleccionados para probar el sistema. No permite afirmar que ChatGPT “falla en el 9% de las conversaciones reales”, ni mide si una persona recibió después la ayuda que necesitaba. Las mejoras son relevantes, pero un chatbot sigue sin sustituir evaluación clínica, una línea de crisis ni servicios de emergencia.
Por qué le importa a quien cría hijos
Acá es donde conecto el dato con nuestra casa. Si más de un millón de adultos por semana usan a ChatGPT como paño de lágrimas, vale preguntarse qué pasa con los chicos y adolescentes que crecen hablándole a una IA desde el principio, sin haber tenido antes la experiencia de desahogarse con una persona.
Hablar con una IA no es peligroso en sí mismo —en mi clase de Interacción Hombre-Máquina les digo a mis estudiantes que la herramienta no es buena ni mala, lo que importa es para qué se usa—. El problema aparece cuando esa conversación:
sustituye el diálogo con padres, amigos o docentes en lugar de complementarlo;
refuerza un pensamiento negativo sin la capacidad crítica de frenarlo a tiempo;
o genera una falsa sensación de comprensión que aleja a la persona de pedir ayuda real.
Ese vínculo con una máquina que siempre escucha no es nuevo en nuestro contenido: ya lo vimos en los compañeros de IA tipo Character.AI y en la demanda que responsabiliza a ChatGPT por el suicidio de un adolescente. No es teoría: ya hay familias atravesando esto.
Qué hacer en casa
Mi hija tiene 6 años y todavía no usa ChatGPT. Pero el momento en que lo use llegará, y prefiero tener la conversación armada antes que improvisarla. Esto es lo que en nuestra casa decidimos trabajar, y que sirve para cualquier edad:
Dejar claro qué es y qué no es. Una IA no siente, no te conoce y no recuerda que existes cuando cierras la ventana. Lo digo sin dramatismo: es una herramienta que predice palabras, no un amigo. Que el niño lo entienda desde pequeño cambia la relación que tendrá con ella.
Activar los controles. OpenAI ya sumó controles parentales en ChatGPT; te explicamos cómo en esta guía sobre los controles parentales de ChatGPT. No reemplazan la conversación, pero ayudan.
Recordar que no es privado. Lo que un menor le escribe a un chatbot no se queda entre ellos dos: queda registrado. Vale la pena saber qué pasa con tus conversaciones en ChatGPT antes de contarle algo delicado.
Preguntar, no vigilar. En vez de revisar el historial a escondidas, tres preguntas abren más puertas: "¿para qué la usas?", "¿alguna vez le contaste algo que no me contarías a mí?", "¿qué haces cuando te responde algo que no te cuadra?". La respuesta a la segunda es la que más me interesa.
La idea de fondo es la misma que defendemos en la guía de seguridad digital para niños: acompañar no es solo medir el tiempo de pantalla. Es enseñar qué conversaciones se pueden tener con una máquina y cuáles necesitan, sí o sí, a una persona del otro lado.
Si necesitas ayuda ahora
Una IA puede responder con palabras de apoyo, pero no sustituye a una persona capacitada ni a los servicios de emergencia. Si tú o alguien cercano está en crisis, usa un canal humano:
Ecuador — ante riesgo inmediato o necesidad urgente de contención, llama al 9-1-1. El ECU 911 coordina auxilio psicológico y respuesta de emergencia.
México — Línea de la Vida: 800 911 2000.
Argentina — Centro de Asistencia al Suicida: 135 o (011) 5275-1135.
España — Línea 024: 024.
Otro país — busca un recurso local en Find a Helpline.
Si la situación es de riesgo inmediato, llama al número de emergencias de tu país.
El dato
El dato no es “1,2 millones de personas le cuentan a una IA algo que no le cuentan a nadie más”; OpenAI no midió eso. Lo que sí sabemos es que una fracción pequeña de una audiencia enorme genera un volumen importante de conversaciones con señales de riesgo. La herramienta puede mejorar sus salvaguardas, pero la parte que no se delega es mantener abiertos los vínculos humanos y enseñar a nuestros hijos que una respuesta convincente no equivale a atención profesional. Para adolescentes y chatbots, reunimos aparte lo que la evidencia sabe y lo que todavía no.
Te dejo el dato para que decidas qué hacer con él. Si quieres más análisis como este, sin alarmismo y con la fuente a la vista, suscríbete al newsletter de Te Dejo El Dato — un dato útil por semana, directo a tu correo.

